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Love Stories >> Mira Hall La verdadera historia de amor de una inmigrante moderna Por Mira S. F. Hall Mi historia es de ningún modo una de heroísmo o de escape de la persecución, tampoco debido a la condición económica o privación física. Mis razones para venir a América no fueron tan complejas en lo absoluto. Mi historia es una historia de amor, llano y simple. No es más especial que cualquier otra historia moderna de inmigrantes acerca de su llegada a este país. Sin embargo, es mi historia; mis primeras impresiones de América, su gente, su cultura, mis miedos, mis esperanzas y mis sueños. Sentada en un viaje a través del Atlántico, que parecía interminable con mi prometido americano, nerviosamente contemplaba el primer encuentro con mis futuros suegros. A pesar de los aseguramientos, tenía muchos miedos acerca de venir a América. ¿Cómo los Americanos tratan a los extranjeros? ¿Me acostumbraré a la vida americana? Pero más importante aún, ¿aceptará esta nueva familia una persona extranjera? Quizás esas personas que me advirtieron que en América todo el mundo carga un arma de fuego y que es solo asunto de tiempo para que te disparen caminando por la calle. Viniendo de un país donde la policía no lleva armas, este era un pensamiento desalentador. Quizás debí haber escuchado a mi padre, quien vino a Untad Kingdom dos veces mientras estaba en viaje de negocios para decirme que yo no podía casarme con este americano y mudarme a América. De hecho, en su segundo atento de convencerme, me puso un a tarjeta de crédito en la mano y me dijo regresa a casa, que era Nueva Zelanda, donde nací y me crié, para ver a mi madre. Yo acordé pensarlo, especialmente porque no había visto a mi madre en más de un año y le echaba mucho de menos. Sin embargo en ese momento, el me informó que era un pasaje de una vía solamente. Yo había estado haciendo trabajo voluntario y no sabía cuando podría tener suficiente dinero para regresar y visitar a mi madre. Trece mil y medias millas de distancia, igualmente podría ser en la luna. Sin embargo, el amor prevaleció y era hora para comenzar una nueva vida en América. Estaba excitada, asustada, triste, esperanzada, confiada, y docenas más de otras emociones todas juntas. Alegre y excitada de comenzar una nueva vida juntos en el país de mi esposo, pero triste también al realizar que no regresaría a mi propio país. ¿Entenderá mi madre? ¿Me perdonara? ¿Me perdonare? Mientras luchaba con mis emociones hubiera sido imposible predecir los muchos obstáculos que encontraría en mi camino. Arribamos al Aeropuerto JFK y nos movimos a través de la aduana, mi prometido hacia el área de ciudadanos y yo a la de extranjeros. Mientras esperaba mi turno con mucha aprensión, súbitamente me congeleéal ver un guardia con un arma de fuego. Nunca antes había visto tal cosa y súbitamente no podía moverme hasta que forzadamente me empujaron por la espalda hacia adelante aún, mas cerca al frente de la línea. Otra vez las advertencias acerca de armas surgieron en mi mente. Luego de presentar mi pasaporte, me preguntaron cuanto tiempo planeaba permanecer en los Estados Unidos. Con renovada excitación declaré ”indefinidamente”, ya que había venido aquí a casarme con el hombre que amaba para comenzar una nueva vida. En ese momento fuí informada, en términos muy inciertos, que no era posible lo que me proponía, ya que tenía el tipo incorrecto de Visa. Discusiones posteriores tomaron lugar mientras yo trataba de entender el significado total de todo esto. Seguidamente otros oficiales fueron llamados, y otras larga explicaciones, todos declarando la misma suerte. No era posible que yo me quedara! Cuando comencé a entender la realidad total de lo que sucedía, al menos lo que podía, considerando el estado de choque en que me encontraba, me sentí como que me habían pegado en medio de los ojos. Esto fue rápidamente reemplazado por puro pánico, cuando me di cuenta que había perdido de vista a mi prometido. Me sacaron de la línea y fui escoltada a un cuarto separado para ser entrevistada, sola. A mi prometido no le fue permitido entrar conmigo. Yo debí estar dando las respuestas incorrectas. Ya que me estaban acusando de tratar de entrar a este país ilegalmente. En ese momento yo estaba asustada. Por que no me dejan ver a mi prometido. Me hicieron las mismas preguntas una y otra vez, cada vez mis acusadores demostraban mas impaciencia y frustración. ¿Por que ellos no me creen? ¿Como es posible que esto este pasando? Nunca he tenido ni siquiera una infracción de parqueo, ahora están diciendo que tengo problemas con el gobierno de los Estados Unidos. Yo sabía que esta situación era muy seria. Estaba siendo tratada como alguien que había violado la ley. Yo tenía una visa con sello en mi pasaporte que decía que no expiraba por otros tres años. Sin embargo, lo que no entendía era por que era solamente buena para visitar los Estados Unidos, con boleto de regreso. Me dijeron que yo tenía que haber sabido eso. Más preguntas. Ahora yo estoy literalmente muy asustada para hablar. Eso frustró a mis inquisidores mucho más. Después de lo que me pareció una pesadilla muy larga, y solo de pura exasperación, mis interrogadores finalmente permitieron que mi prometido entrara al cuarto. Más preguntas. Pronto nos dijeron que si nosotros pretendíamos realmente contraer matrimonio, como alegábamos, debíamos abandonar el país inmediatamente e irnos a Canadá o Méjico y solicitar una visa de prometido. Ellos no nos podían decir cuanto tiempo tomaría ese proceso. Pensamos en esa posibilidad hasta que reunimos todos nuestros recursos económicos y descubrimos que entre los dos teñíamos un poco mas de $6.00. Innecesario señalar que la opción fue inmediatamente descartada. Luego de más acaloradas preguntas y sospechas, se decidió que la próxima opción seria deportarme. En mi ignorancia y cansancio pensé que seria una buena idea. Quizás podría después de todo ir a ver a mi madre. Pronto fui informada que no podría ser deportada a Nueva Zelanda. Seria deportada al último país que estuve, y además se nos hizo saber muy enfáticamente que una vez deportada no podría regresar a este país. Otra vez otra puerta sin salida. Otra opción eliminada. ¿Cómo podía estar pasándonos esto? Estamos enamorados. Yo no tendría ninguna posesión material; todo lo que tenia era unos cuantos dólares y todas mis posesiones estaban en una maleta y la mitad de esta estaba ocupada por un traje de novia usado y hecho a mano. Pero a mí no me importaba. ¡Yo tenia sueños! Seguramente estos oficiales del gobierno eventualmente entraran en razón. ¿Por que me estaban tratando como a un criminal? Mi único crimen en mi conocimiento fue enamorarme de un americano. Sin embargo, la gravedad de la situación lentamente comenzó a permear, sintiéndome sobrecogida por la gran magnitud del problema y sintiéndome sin poder para cambiar la situación. Mi prometido nuevamente les explico pacientemente otra vez que lo que queríamos era ir a ver a su familia en Colorado. Las horas pasaron. Todos estábamos exhaustos. Finalmente, se decidió que nos dejarían continuar a Colorado, si acordábamos comparecer en la Corte Federal en seis días. Aunque aliviada con estas noticias, física y emocionalmente agotada, estábamos también excitados que me habían permitido quedarme al menos por seis días. Debido a los fallidos intentos de mi padre para convencerme de no venir a América, se propuso a sí mismo desviarse hacia América en su ruta de regreso a Nueva Zelanda adelantándoseme para pasar juicio (chequear) sobre la familia de mi futuro esposo. Si no era embarazoso el hecho de que mi padre había conocido a mis suegros antes que yo, ciertamente sentía que era embarazoso y humillante ahora que ni siquiera podía venir a este país sin crear toda clase estragos a mi llegada. Mis esperanzas de causar una primera y buena impresión y luego la aceptación estaban desvaneciéndose. Ahora teníamos que lidiar con problemas que daban vueltas en mi cabeza. Sin embargo, con mi prometido a mi lado sentí mis fuerzas renovarse. Si había una solución, la encontraríamos. Después de todo estábamos enamorados y era difícil aceptar que cualquiera, Gobierno o no, se interpusiese en nuestro camino. ¡Qué ingenua era! Seis días después condujimos 240 millas para ir a la Corte Federal llevando con nosotros a mis suegros para poder cumplir con la vista de la corte fijada con el Juez Federal en la mañana siguiente. Era aterrador ser citado a corte como esta y el viaje mismo era una aventura en más de una forma. Primero, debido a lo largo del viaje nos vimos obligados a quedarnos en un hotel, ya que tenía que comparecer a primera hora ante la corte. Los cuatro tuvimos que un cuarto de hotel. Esto no lo había hecho nunca con mi prometido, ni con nadie más, por lo que pensar en que tenía que hacerlo con mis futuros suegros me resultaba muy embarazoso, particularmente porque tuve que compartir la cama con la madre de mi prometido. El compartió la cama con su padre y permanecimos despiertos la mayor parte de la noche mirándonos uno al otro a menos de tres pies de distancia mientras sus padres roncaban estruendosamente a nuestro lado, ambos por supuesto imaginando lo que pasaría mañana y si nuestras vidas cambiarían para siempre. Quizás nuestro sueño de un futuro juntos estaba condenado al fracaso. Sentía como estar en la niebla, estar sofocada. Habían pasado tantas cosas en tan pocos días y era un choque cultural en más de una manera. No me había percatado de la magnitud del problema hasta que durante la primera vista fui informada de un resultado positivo era difícil. Nos enviaron con instrucciones de regresar nuevamente a la corte en la tarde. A pesar de que el resultado fue desolador estábamos emocionados porque nos daba más tiempo. Todavía inmigración creía que yo intencionalmente traté de entrar al país ilegalmente y no podíamos convencerlos de otra forma. ¿Como podía ser esto? Eventualmente me informaron que me pondrían en probatoria. Mientras tanto mi caso seria considerado mas adelante. Me tomaron huellas digitales, fotografías y me informaron que me presentara en corte en otra citación, durante ese tiempo no podría trabajar. Ahora solo nos quedaban siete semanas para nuestra boda. Teníamos gente llegando del extranjero y localmente. Decidimos que los planes tenían que continuar. El escenario a largo plazo era que mi prometido regresaría a la escuela a tiempo completo y que yo161 como teína destrezas sería la que proveedora principal. Un pequeño problema, había sido informada que no podía trabajar. ¿Qué clase de país es este que ofrece ayuda financiera a través de asistencia publica como cupones para alimentos, pero no permitían que uno trabajase¿ Expliqué que no quería ninguna ayuda económica del gobierno porque era perfectamente capaz de ganarme la vida. Todo esto, en vano. Sabía que no era posible para nosotros seguir con los planes si yo no trabajaba. Como teníamos que vivir a más de 200 millas de distancia de mis suegros fuimos allá a buscar trabajo. Mientras tanto los planes de boda seguían adelante y mi prometido seguía haciendo planes para entrar a la escuela a tiempo completo en pocas semanas. Otros detalles pequeños complicaron nuestros días. La madre de mi prometido me dijo que para conseguir un buen empleo debía tomar varios exámenes del estado. Estudié y practiqué intensamente y pasé bien los exámenes. También debía conseguir una licencia de conducir que constituía un desastre en si mismo. La lógica me decía que si los americanos conducían por el lado contrario de la carretera del cual yo conducía entonces la regla era conducir por el lado opuesto a lo que yo conocía. Decidí que era buena idea estudiar. Mientras tanto el aspecto práctico de conducir parecía más difícil de lo esperado. He conducido en muchas ocasiones fuera de la carretera para caer en el patio de alguien casi derribando un árbol sin dejar de decir las veces que tuve que evitar encontrarme de frente con otros automóviles por estar en el lado incorrecto de la carretera. Llegué a la exasperación hasta proclamar que no sacaría la licencia de conducir en cuyo momento me señalaron que era imposible sobrevivir sin una. Está de más decir que eventualmente la conseguí. Cuan excitada estaba? Como el gobierno podría echarme ahora. Tengo una licencia de conducir, el primer paso para hacerme sentir que pertenezco a este lugar. Mientras tanto, continuamos con una aparente infinita ráfaga de papeles con el Departamento de Naturalización. Tuve que presentarme al departamento de inmigración y un Doctor del gobierno me examinó, el primero de varios exámenes. En otra ocasión me encontré en una fila junto a docenas y docenas de otra gente buscando residencia legal o solución a varios problemas de inmigrantes. Yo hablé con muchas de estas personas. Conocí una mujer que nadó a través de un rió desde Méjico par dar a luz a su bebé en tierra americana para darle la oportunidad de tener una mejor vida. Conocí a otros que vinieron en busca de santuario, ya que huyeron del abuso o la persecución de varias clases. Fue allí donde por primera vez escuché el termino “wet back”, espalda mojada. Me entristeció ver del modo que alguna de esta gente estaba siendo tratada. Yo sobresalía como “a sore thumb”. En una visita yo era la única persona blanca y fue cuando pude por primera vez percibir la injusticia de la discriminación racial., ya que a mi me trataron mucho mejor, aún así en mi mente, sentía que yo lo merecía mucho menos. Después de todo yo no había venido huyendo de cosas terribles. Yo amaba a mi patria. Solamente amaba a un hombre más, y estaba dispuesta a ir a los confines de la tierra para estar con él. Sí, ciertamente esta gente merecía permanecer aquí mucho más que yo. Aunque nuestras historias eran diferentes compartíamos algo en común, esperanza de una nueva vida, un futuro para nosotros y nuestras familias, no importaba cuales fueran las razones. Otra vez fuí examinada por un Doctor. Me tomaron sangre para estar seguros que no estaba infectada con alguna terrible enfermedad. Con mucha esperanza, les mostré prueba de que había recibido las vacunas de sarampión, cólera y tifoidea, ya que había sido informada era necesario para obtener mi visa original. Con que otra enfermedad podría estar infectada? (Esto fue antes de que el mundo supiera algo acerca de aids.) Los planes de la boda continuaban. Teníamos que ir a la corte para obtener una licencia. Pensaba yo que mucho de la vida americana tiene que ver con la corte. Después me dijeron que necesitaba más exámenes de sangre. ¿Así que esto es América? Me dijeron que necesitaba otro examen físico. Nadie me explicó que esto incluía un examen ginecológico; algo que nunca había oído, mucho menos imaginado. Todo esto me impresionó. Me sentí violada y estaba convencida que estaba siendo torturada. Quizás este examen era para ver cuanto yo quería quedarme aquí. Nunca me había quitado la ropa enfrente de nadie, mucho menos un doctor. Nadie me podía haber preparado para tal humillación. Fue en este momento que casi me doy por vencida y pensé que seria mejor irme ahora y regresar a lo que yo conocía donde yo pertenecía. Nunca me acostumbraré a estas costumbres locas de los americanos. Aparte de que, América no me quiere y eso esta bien conmigo ahora. La vida se estaba complicando y he estado solo una quincena en este país. No entendía nada, excepto el hecho de que amaba a alguien con todo mi corazón y compartíamos un sueno en común. Así que, ese fue el factor decisivo. Debo seguir luchando por esto. Los planes de boda continuaban. Yo trataba de adaptarme a la vida diaria. Todavía no entendía como los americanos piensan, así que cometí muchos errores e hice muchos juicios erróneos. Paramos enfrente de un negocio con un letrero que decía, “no cheques”, excitadísima le dije a mi prometido, “Mira entremos, ellos no nos van a “chequear”. No sabía que este era el modo que los americanos escriben “cheque”. En mi ignorancia asumí que no nos iban registrar. A la luz de todo lo que estaba pasando, esto no fue una sorpresa para mí. La vida estaba llena de episodios similares y lecciones cada día. Yo solo poseía dos conjuntos, así que la primera cosa que tenia que hacer era lavarlas cuando llegáramos. No veía ninguna “casa de lavado”. No reconocía las maquinas de lavar americanas. Me dispuse a lavar a mano y luego salí a fuera al jardín para tenderlas y secarlas. Caminé alrededor buscando un tendedero. No lo pude encontrar. Miré sobre la verja de los vecinos para ver su jardín y me asombró ver que tampoco tenían un tendedero. Que lugar más extraño este. Pintamos la casa del abuelo de mi prometido para ganar dinero extra antes de la boda. Pronto la gente del extranjero comenzó a llegar. Mí hermana fue la única que pudo sufragar los gastos para representar a mi familia. Ella me entrego. Finalmente mi familia acepto mis decisiones, aunque pasarían muchos, muchos anos antes que pudiera apreciar lo que mi madre sentía. No era nada personal en contra de mi prometido. El problema principal era que yo viviría en América, casi 10,000 millas de distancia de mi hogar. Pasarían diecisiete años antes de que pudiera llevar a mi esposo a conocer toda mi familia. Después de la boda nos mudamos a más de d200 millas de la familia de mi esposo. Ahora podíamos comenzar con el negocio de tener nuestra propia familia y comenzar nuestra vida. Ahora podíamos empezar a vivir nuestro sueno. Mí esposo estaba en la escuela a tiempo completo. También trabajaba parte del tiempo. Yo trabajaba a tiempo completo en un buen empleo, que aparentemente obtuve ilegalmente. La vida no era tan simple. Cada día estaba asustada de que me “encontraran” ya que legalmente no debía trabajar, y me expulsaran de este país. Nada me hubiera preparado para el aislamiento y la soledad que sentí. Siendo de una familia grande ahora vivía en un lugar donde no conocía un alma. Me acababa de casar con alguien que mi madre ni siquiera había conocido y estaba viviendo con el temor de ser deportada cualquier día. Era un manojo de nervios. No me podía concentrar en mi trabajo. No estaba haciendo el trabajo que yo era capaz de hacer. Mientras tanto mi estado legal aquí, continuaba siendo un gran asunto. Mas vistas en la corte más exámenes. Todavía estaba en probatoria. Una vez mas mis suegros acompañaron a mi esposo y a mi a la corte. Ellos conocían un senador en el área que había revisado mi caso y dijo era inútil. La vista de la mañana no iba muy bien. Nos dijeron que regresáramos en la tarde. Aparentemente había una persona más que podía suplicar mi caso. Sentados en la oficina de este hombre, las cosas no se veían muy positivas. Yo era muy tímida para contribuir mucho, así que no había mucha esperanza. De momento mi suegro notó que este hombre era un cazador, por los trofeos en las paredes de su oficina. Rápidamente el procedió a hablar de cacería, eventualmente invitándolo a cazar en su parte del estado. ¡Eso fue! Todo tomo otro rumbo. Ese hombre tomó mis papeles y los firmó allí mismo. Nadie podía creerlo y menos yo. Estaba sin habla pensando que todo lo que había pasado hasta esta fecha, pudo ser instantáneamente solucionado con el simple trazo de un lápiz. ¡Asombroso! Un hombre tuvo el poder de completamente cambiar el curso de nuestras vidas. Esa lección permanecerá conmigo para siempre. Decir que salimos de la Corte Federal absolutamente euforicotes decir poco. Ahora podía comenzar las formalidades para obtener una “Green Card”. Un paso más cerca. Técnicamente yo todavía estaba en probatoria y legalmente no podía trabajar, pero el final estaba a la vista. Mas papeleo llevando y trayendo y por supuesto más dinero cada vez. Pasaría más de un año antes de que obtuviera estado de residencia permanente y poseer una “green card”como prueba. La vida se veía mejor. Ahora, finalmente podía concentrarme en acostumbrarme a esta extraña cultura y su gente interesante. Mi primer invierno en Las Montanas Rocosas de Colorado, trajo consigo uno de las peores ventiscas en años. Nunca antes había visto nieve, mucho menos vivir en ella. Así que caminar fatigosamente a nuestro apartamento con nieve hasta las rodillas fue ciertamente una experiencia muy interesante y estimulante. Nacida y criada en el Pacifico del Sur nunca había tenido tanto frió en mi vida. Frecuentemente, mi esposo me preparaba un baño de agua caliente para que me descongelara. Cocinar era otra aventura interesante. Criada al nivel del mar, ahora debía aprender a cocinar en las altitudes. Sería como un año cuando descubrí las conveniencias americanas como mezcla de bizcochos y otras comidas instantáneas. Después de que mi esposo terminó la escuela nos dirigimos a la costa oeste con todo lo que poseíamos atorado en un Volswagen, en busca de empleo, ya que es donde nos dijeron que hay abundancia de trabajo. En toda esta agitación y confusión de mudarnos olvide registrarme con la oficina de correos; algo que ya no es requerido de los no ciudadanos. Después de recibir un aviso del INS, afortunadamente el problema fue resuelto y eventualmente rectificado. Todavía estaba nerviosa al puro pensamiento de enojar estos oficiales de inmigración otra vez. Un ano y medio más tarde una hija arribó. Yo la llevé a Nueva Zelanda para conocer a mi familia. Sin saber las ramificaciones legales que tomarían lugar como resultado. Antes de partir de los Estados Unidos, envié mi pasaporte a la Embajada de Nueva Zelanda en Washington D.C. para que mi hija fuera incluida en el mismo. Ellos hicieron esto sin preguntas. Así que sin pensarlo otra vez, me fuí. No fue hasta que dejaba NZ para el viaje de regreso que la línea aérea americana con la que viajaba me detuvo y dijeron que no podría continuar ya que tenía un ciudadano americano en un pasaporte de Nueva Zelanda. ¿Como podía ser esto posible? Yo pensaba que todos estos dolores de cabeza habían quedado atrás. Me informaron que si ellos me dejaban ir sabiendo esto ellos serian despedidos. Mi padre conocía gente en autoridad en el aeropuerto, y luego de varias largas y acaloradas discusiones, eventualmente me dejaron ir a mi propio riesgo, aunque me advirtieron fuertemente no hacerlo, ya que nadie podía garantizarme que no seria detenida al arribar a los Estados Unidos. Con una residencia permanente y una niña nacida en Estados Unidos, ¿cómo podía ser esto un problema? Que equivocada estaba como dijeron al llegar a U. S. fuí detenida e interrogada e interrogada. Me dijeron que era ilegal tener un ciudadano estadounidense en el pasaporte de otro país sin ser la persona ciudadano de dicho país. Por supuesto esto era cierto tanto como mi ignorancia, sin querer había violado la ley otra vez. De todos modos eventualmente todo fue aclarado y a pesar de las amenazas de separarme de mi bebe, se hizo un acuerdo. Como yo no podía ser ciudadana americana todavía, afortunadamente pude hacer mi hija ciudadana de Nueva Zelanda par evitar la misma situación en el futuro. Esto resolvió la situación, pero luego supe que había soluciones más simples. Fui adquiriendo más seguridad en el modo de vida americano. Todavía encontraba muchas cosas extrañas; pero comenzaba a entender el modo de pensar de los americanos, y también como funciona el sistema, definitivamente un gran cambio y algo que no sucedió de la noche a la mañana, sucedió al paso del tiempo. Me torne un poco engreída cuando algunos de mis familiares se quedaban nosotros, me expresaron el deseo de ir a Méjico. Como mi esposo estaba en el extranjero en viaje de negocios, yo decidí llevarlos yo misma a Méjico, llevando conmigo a mi infante por supuesto. Nunca había oído acerca de cosas como no beber el agua y los asuntos de seguridad. Sin embargo, sobrevivimos. Ni siquiera lleve mi pasaporte, ya que había entendido que si tienes una licencia de conducir americana puedes pasar el borde sin problemas. Que ignorante era. Al re-entrar a los E.U. en el borde le dije a mi familia que no hablaran ya que su acento traería atención al hecho de que no somos americanos, pero que no se preocuparan pues yo tenia una licencia de conducir americana que planeaba enseñar a los oficiales. Afortunadamente para nosotros tuvimos mucha suerte y no confrontamos mayores problemas, solo algunas preguntas acerca de mi procedencia. Olvide que todavía tenía acento. Pasaron diez anos antes de que solicitara la Ciudadanía Americana. Varias legalidades me habían prevenido de hacerlo antes, además de convencer a mi familia de que no iba a dar la ciudadanía de mi madre patria. Y así fue. Con mi esposo e hijos observando, jure la ciudadanía de los Estados Unidos de América. Ha sido un largo viaje, aunque he aprendido mucho durante todo esto, fue un viaje que no recomendaría repetir otra vez. El alivio que sentí al saber que había finalizado fue profundo. Muchos anos han pasado desde ese día, me gusta pensar que he contribuido al mejoramiento de mi país adoptivo. He criado y educado miembros productivos de la sociedad y ahora tengo nietos quienes se que harán lo mismo Mi familia continua siendo mi prioridad. Así que ahora con una generación ciudadanos de pura sangre americana. Finalmente siento que tengo derecho a estar aquí. Mientras esta rama de nuestro árbol familiar comienza, mi decisión de venir a América todos esos anos atrás, me siento en muchos modos, responsable de asegurar no solo la supervivencia pero el éxito de esta nueva rama familiar en mí adoptivo. Continuare haciendo lo mejor en cualquier cosa que sea necesario para asegurar que mis nietos y bisnietos tengan las oportunidades para hacer su vida. En cuanto a arrepentirme? De ningún modo me arrepiento de venir a este país. He aprendido a querer, entender y apreciar la mayoría de los americanos y he dado cuenta de que la mayoría son tolerantes, amigables y generosos. He tenido más suerte que muchos en que de algún modo siempre me sentí aceptada y agradecida de que nunca me sentí discriminada por ser extranjera. Así que a pesar de un comienzo rocoso este país ha sido bueno conmigo. Nunca he tomado mi ciudadanía ligeramente. Me doy cuenta que la mayoría de los americano nunca tienen que pensar en eso, pero es algo que nunca olvidare. ¿Recomendaría esa jornada a otra persona? Crean lo o no me han preguntado eso en muchas ocasiones, tan recientemente como cuando escribía este artículo. Mi respuesta continúa siendo píenselo largo y tendido. Luego si usted realmente cree en sus sueños, mantenga los con toda sus fuerzas y nunca se de por vencido. Y acerca de ese joven americano del que me enamoré todos esos años atrás, honestamente puedo decir, que estoy más enamorada de él, que lo que pudiera haber imaginado años atrás. El amor no solo resistió a través de problemas y alegrías y (puedo llenar volúmenes), creció mas de lo que yo esperaba. Acerca de las preguntas más comunes,”¿valio la pena?” Yo puedo decir con un grito resonante, “Sí”, con todo mi corazón. No hay duda en mi corazón y en mi alma que contraje matrimonio con el amor de mi vida y lo haría todo otra vez, en un latido. Todavía estoy viviendo mi sueño.
Fin © Mira S. F. Hall, 2004. All Rights Reserved. Mira nació y se crió en una familia grande en Nueva Zelanda hasta los 19 años de edad, cuando dejó su patria”para ver el mundo”. Primero vivió en Gran Bretaña antes de establecerse en los Estados Unidos. Ella ha tenido experiencias en la vida americana habiendo vivido desde las Montañas Rocosas al Desierto de Mojave y del Valle de San Joaquín del sur de California al norte de California. Mira y su esposo actualmente residen en Pensilvana. Ella dedica su vida a proveer las mejores condiciones para criar su familia, ella educó a sus hijos en su casa desde muy jóvenes. Ha sido vegetariana por más de 30 años y activamente promueve vegetarianismo, el trato humano a los animales, junto a un modo de vida humano. Mira es la autora de “Todo se detiene para el té”. Se pueden comunicar con ella en hall76@pdt.net.
Maria Gerena (translator) nació y se crió
en San Juan, Puerto Rico. Se traladó a los Estados Unidos en 1979, donde
obtuvo una Maestria en las Ciencias de la Educación en Long Island
University. Hace 11 años reside en Pensilvania con sus 3 hijos, donde enseña
español en una escuela superior privada y en las tardes da clases de español
a adultos.
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FEATURED INTERVIEW:
Sonia Choquette.
(first
generation born in the USA) |
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